La oportunidad - Luis Vadillo
Me inscribí en la Escuela Nacional de Arquitectura UNAM para no estudiar y lo logré… Primer día de clases con la materia “Introducción a la Arquitectura”, según escrito en la parte superior del pizarrón, una vez que ingresamos al salón y cupo lleno a mi derecha y quizás a la izquierda del pasillo central que divide ambos grupos de filas con sillas continuas a manera de auditorio para cine, incluso con isóptica hacia el frente sin que obstruyan observar las filas precedentes y con sendo escalón a mí izquierda una fila adicional en la cual me ensillo, éstas, al igual que el resto tienen asiento y respaldo de madera, con paleta abatible para colocar la única carpeta que llevo, similar… mmm, la misma que utilicé en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, con separadores de plástico para tres tantos (hojas en blanco, cuadriculadas y con renglones, incluso algunos separadores entre estas, según uso o materia), sin libro alguno así como también lo espero en el resto de la carrera, pero, eso sí, dos lápices con diferente grafito, esto es cual indicación diversa en cada uno: 2H y 2B, con punta además de la goma denominada de migajón para dibujo más la rojo y azul de uso generalizado, inclusive el mini sacapuntas de plástico y la estilográfica con tinta negra.
[ En tanto sucedía lo anterior a mi vista, está en la mente aquella mi primera visita a Ciudad Universitaria cuando el autobús urbano no incursionaba en el campus aunque existe desde siempre la vialidad en un solo sentido en el denominado Circuito vial con separador o camellón arbolado según el ancho entre uno y otro sentido, con diversos retornos para mejor fluidez. Por consecuencia del impedimento de autobuses a las líneas concesionadas por el gobierno de la Ciudad de México había unos autobuses de tipo foráneo con servicio gratuito para estudiantes en cada sentido del Circuito vial. Me llamó la atención que no se les otorgaba el asiento preferencial a las compañeras como lo acostumbrábamos en la ciudad rumbo a la escuela nacional preparatoria, incluso ellas nos cargaban gentilmente los útiles además de la charla espontanea o no, en la parada del camión. Ahora las líneas incursionan en el interior y se tiene la central de autobuses cerca de la Rectoría y frente al Estadio Universitario, aunque nos divide ampliamente la Avenida de los Insurgentes.]
Una vez que hemos ocupado la totalidad de los asientos más algunos frente a nosotros de pie, sin impedir la vista hacia el pizarrón, ni estrado... y no queda más lugar que ocupar...
“¡El Arquitecto nace…y no se hace!”. Escucho por el docente a viva voz, quien interrumpe mi recuerdo y regreso a la realidad o sea…el presente momento.
¡Perplejo me quedo! Acaso… ¿Me habré perdido de algo?
En consecuencia me titulé previa recepción de la última boleta y el Servicio Social sin olvidar jamás que el estudio y la práctica, nunca se acaban, cómo lo dice la canción sobre la cosecha de mujeres, porqué… “Ésta nunca se acaba.”

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