Enfermo - Guillermo Torres
La mira desde la tienda que tiene en los bajos de su casa. La mira pasar cuando se dirige a la iglesia, la mira ir al mercado, la mira cuando pasea por el parque. ¡No deja de mirarla!. Octavio ha regresado, vive enfrente de la cafetería del parque. Esa mirada insistente, concentrada y, no sé cómo decirlo, ¿enfermiza?, no, enfermiza no. Es una palabra absurda y enfermiza, claro. Aunque no hay otra. Será que él me parece enfer...no, dañado. Estando en el café del parque lo descubro; es él: nuestro condiscípulo Octavio ha vuelto , me lamento. Ya Susana me había advertido: andaba bien enterada del suceso y con un inusitado interés. No me molesta su regreso, no tendría por qué, no hay razón; solo que…¿cómo decirlo?...tal vez no me agrada. Eso, “no me agrada”. Susana pretendía que lo visitáramos, como un detalle de bienvenida; me le quedé viendo fija e inquisitivamente; ya no insistió y yo me quedé distante. Entre ella y yo nunca hubo nada, ni antes en la escuela, cuando Octavio ...